Confusión…!

¿Será que Mario Silva, en la hojilla de ayer (14 de septiembre) se volvió loco o será que todo fue parte de un libreto diseñado y ordenado desde Guanabacoa?  No sé… este evento de Guaidó pa’llá, Guaidó pa’cá y que no pase nada, me confunde tremendamente.  Todo es muy confuso para mí.

En primer lugar, todos esos grupos de paramilitares y guerrilleros en Colombia están absolutamente infiltrados entre ellos mismos, el DAS, la CIA, el G2 cubano, el SEBIN y, entre otras instituciones, por los Boy Scouts de Katmandú: ¡yo que se los digo!  En tal sentido es virtualmente IMPOSIBLE que el régimen de los Castro en Venezuela, no supiera cómo fue que Trucupey cruzó la frontera colombo-venezolana para montar “El Show del Sí o Sí”.  A mí que no me vengan con cuentos chinos.  Todavía no le habían dicho a Guaidó cómo era que cruzaría a Colombia, cuando ya hasta la Mamá de Tarzán lo sabía.  Ese tubazo que diera Wilfredo Cañizales publicando las fotos de Juancito con los para-narcos, me huele a cuento-chino gótico.

Es el eterno guaraleo.  Que si fue, que si no fue… que si se juntó con el diablo: ¡en fin!

Una pieza del régimen

Yo les voy a explicar cómo funciona el análisis.  Vamos a suponer que somos analistas para el Departamento de Estado de Estados Unidos y nos ordenan investigar el teque-teque del brincoteo de Trucupey para Colombia y de Colombia para Venezuela, por los caminos verdes, azules y amarillos.  Lo primero que tenemos que hacer es ubicar a Juan Guaidó en el escenario actual venezolano.  Tenemos que manejar varias hipótesis, a menos que tuviéramos ya la certeza en nuestras manos de quién es Trucupey y cuál es su función dentro de todo este teje-maneje.

Para mí, Juan Guaidó es una IMPORTANTE PIEZA del régimen y lo vengo asegurando desde el principio:

 

 

Partiendo de la base que Trucupey es una IMPORTANTE PIEZA del régimen de los Castro en Venezuela: ¿cómo es que se monta todo este escándalo en su contra?  Un elemento “interesante” es que el defensor de los derechos humanos del Norte de Santander – Wilfredo Cañizales – acusa las atrocidades de los paracos, pero no las atrocidades de la guerrilla.  Esa zona se reparte entre las FARC, el ELN, los paracos y los esmeralderos.  Hay atrocidades como pa’tirar pa’rriba: ¡como arroz partido!  Cómo será la guarandinga, que la ciudad de Cúcuta está dividida en dos sectores.  Un sector lo controlan los paracos (de “derecha”) y el otro sector los guerrilleros (de “izquierda”).

No se pierdan cada palabra de Mario Silva.  Está acusando a Guaidó de aliado de unos monstruos que matan, extorsionan, asaltan, matraquean, secuestran y hasta cortan en pedacito a sus víctimas.  Peor aún: ¡está acusando a Juancito de “traición a la patria”!   ¡Palabras mayores!  Creo que la sentencia por traicionar a la patria (a “la revolución”) es de 25 a 30 años de prisión… sin derecho a pataleo.

Pasó a la clandestinidad?

Con todas esas evidencias que mostró Mario Silva en “La Hojilla”, Trucupey debería estar, como mínimo: en la clandestinidad.  Imposible que siga visitando ranchos y besando viejitas aquí, allá y acullá: ¡imposible!

Tengo 47 años lidiando, conociendo y estudiando – profesionalmente – al narco-castro-estalinismo internacional, un sistema que JAMÁS permitiría un “presidente encargado”; que tuviera verdaderas intenciones de defenestrar a “la revolución”.  Ahora, si sirviese para el guaraleo y para el mareo: ¡bienvenido sea!  En ese sentido habría que atacarlo de boca, sin tocarle un solo pelo.  Es más, habría que protegerlo muy bien, no fuese que saliese un loco por ahí, queriendo “hacer patria” y le parta la cabeza en dos pedazos.  Además, Juancito Trucupey no es presidente interino de Venezuela ni la cabeza de un guanajo, pero los único que no lo saben son los infelices venezolanos.

Guaidó ha venido en abrumadora y rápida picada desde el famoso “Sí o Sí”… el diálogo, el pato y la guacharaca.  Hay que levantarle las acciones con cilantro: ¡pero no tanto!  Como los cubanos castristas se han dado cuenta – hace muchos años – que el grueso de los venezolanos es engañable con cualquier garabato, parece que el ataque a Trucupey se va a limitar al despotricamiento por parte de Mario Silva en “La Hojilla”.

Más confusión

Pero mi confusión se incrementa, enormemente, cuando vemos que Iván Duque (que tiene una cara de bobo que no la brinca un venado), es un delfín, nada más y nada menos que de George Soros.

 

 

 

 

Aquellos que conocemos a George Soros, nos ponemos en guardia con todo este bululú.

Como diría mi querida, adorada y muy-recordada Abuela Carmelina, QEPD: “¡…ellos son blancos y se entienden…!”

Miami 15 de septiembre de 2019

Robert Alonso

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