Paseo a Key West

El sábado 7 de abril del año de Nuestro Señor Jesucristo de 2018, decidimos visitar “La República de la Concha”, también conocida como “Key West” o “Cayo Hueso”, en español.  Dicen que los gringos le llaman “Key West” a “Cayo Hueso”, porque le sonaba parecido.  Parece ser que se trataba de un cayo, el más grande de La Florida, donde los indios de aquellos tiempos enterraban a sus muertos.  Cuando los españoles descubrieron la isla, hoy tomada totalmente por la comunidad gay, encontraron en ella muchos huesos, de ahí su nombre en español: “Cayo Hueso”, que para los anglo-parlante sonaba algo así como “Key West”, aunque no está en el oeste… más bien en el este del sur de La Florida.  En fin…!

Allá nos fuimos con Anita y Mauricio; None y José Enrique… “La Ñoña” y yo.

 

 

El viaje no es que sea largo, pero muchos se aburren.   Son 164 millas que se deberían de hacer (si no hay tráfico) en tres horas y media.  Hay que estar mosca, porque la policía está pendiente de aquellos que se empeñan en romper el límite de velocidad, que es de 55 mph.

 

 

Total que me tocó entretener a los invitados, en especial a None y a Anita, pero en lugar de agradecer mi conversa, se lamentaron que José Enrique se olvidó de llevar el Lexotanil para que yo guardara silencio.  No pueden acusarme, sin embargo, de haber hablado de política.  Les conté cómo se fundaron los cayos del sur de La Florida; del pato y de la guacharaca.  Pero es posible que haya hablado demasiado.

 

José Enrique con “anemiá”

Al fin, luego de unas cuatro horas, llegamos a “Cayo Hueso” y, sorpresivamente, José Enrique tuvo “anemiá”.  Uno podría presumir que serían las niñas que tuvieran que buscar un baño… pero no: ¡fue un varón!  Problemas de próstata, pensé yo.

 

El Mojón del Sur

Antes de hacer cualquier otra cosa, decidimos llevar a nuestros invitados al “Mojón del Sur”, al punto más al sur de Estados Unidos continental.  De ahí a la isla de Cuba hay unas 90 millas.

Cuando nuestros invitados vieron la cola, se les aguó el guarapo y pensaron que todo había sido un tremendo embarque orquestado por quien suscribe estas líneas.

 

 

Pero llegó nuestro turno y nos tomamos fotos en uno de los grandes íconos turísticos de “Cayo Hueso”, algo que no se puede evitar si visitan este lugar encantado y encantador… a pesar de todo.  Un pueblo que yo le llamo “El túnel del Tiempo”, porque al llegar al sector histórico, uno es transportado – por arte de magia – a los años 30 del siglo pasado.  Aquellos que entiendan inglés, deberían de tomar el trencito que recorre este sector y dejarse llevar por los cuentos chinos que los guías turísticos les meten a todos los turistas, en cualquier país o lugar del mundo.  Vale la pena.  Vale la pena visitar el puerto del cayo, donde arriban los ferris.  Cercano al puerto podrán leer la historia de la explosión del “USS Maine”, que explotó en el puerto de La Habana en enero de 1898, provocando la “Guerra Hispano-Americana”, que terminó liberando a Cuba, Puerto Rico, Guam y Las Filipinas del imperio español.

Verán una cantidad abundante de gallos finos con sus respectivas gallinas, algo insólito, porque – siendo gallos de pelea – han decidido, en “Cayo Hueso”: no pelear.  Nadie entiende por qué.  Fueron traídos por los cubanos en épocas coloniales y considerados “sagrados” por las autoridades locales.

“Cayo Hueso”, además, es famoso por sus restaurantes.  Encontrarán gastronomía de todas partes del mundo. A mí, en particular, me encanta la comida vietnamita que ofrecen varios restaurantes en el sector histórico.  No vayan buscando playas, porque no las van a encontrar.  En octubre se lleva a cabo “El Festival de la Fantasía”, que compite… o pretende competir con el “Mardi Gras” de Nueva Orleans.

Bar Nudista

Llegamos al sector histórico de “Cayo Hueso”, la Calle Duval… etc.  Ahí, inmediatamente, None quiso saber dónde quedaba “El Garden of Eden”, es decir: “El Jardín del Edén”, un bar nudista del cual les había comentado en el camino.  No era el momento adecuado.  Les dije que verían puras viejas con “colgajos”.  Nada agradable a la vista… además: ¡había que subir una empinada escalera!  Pero llegamos al sitio y nos tomamos una foto.

 

Los Mojitos…!!!

Antes de almorzar, decidimos tomarnos unos “mojitos cubanos” en un lugar famoso llamado “El Mesón de Pepe”.  Ahí “La Ñoña” se echó una pea… la pobre.  El famoso mesón es parte de un edificio que, en tiempos coloniales cubanos, era una fábrica de tabaco.  “Cayo Hueso” fue el lugar donde se establecieron los cubanos que huían de la España colonial.  Muy rico en historia cubana del siglo ante-pasado.  Desde “Cayo Hueso”, José Martí recolectó gran parte del dinero necesitado para financiar las armas que terminaron liberando a la Cuba de entonces, del imperio español… con la ayuda de Estados Unidos, claro está.  Ahí puse a nuestros invitados a que se tomaran unas fotos un tanto ridículas.

 

Sloppy Joe’s

En eso decidimos ir a almorzar, porque hacía hambre.  ¡Mejor no!  Los llevé al famoso restaurante de “Sloppy Joe’s”.

Joe era uno de los compinches de parranda de Ernest Hemingway, famoso periodista y novelista estadounidense, quien vivió muchos años entre “Cayo Hueso” y La Habana y tenía tendencias comunistas… muy amigo de Fidel Castro, famoso – entre muchas obras – por “EL Viejo y El Mar” y “Por quién doblas las Campanas”.

Ahí comimos y: ¡más vale que no!, unos famosos “sloppy Joes”.

El “sloppy Joe” es una especie de hamburguesa “esparramá”.  Joe, como ya he dicho, era el pana-burda de Hemingway.  Ambos eran unos curdos y mujeriegos a más no decir.  Gustaban de la pesca en altamar y de caerse a palos hasta perder el sentido.  Pero Joe vivía era en La Habana, donde tenía un timbiriche.  Joe era un “desbaratado” (“sloppy”, en inglés).  Su timbiriche siempre estaba vuelto ñoña y los gringos le llamaban “Sloppy Joe’s”: el negocio desbaratado del Joe.  Ahí, Joe inventó esa especie de hamburguesa que hoy es famosa en todo el territorio nacional estadounidense y que en “Cayo Hueso” tienen, supuestamente, su lugar de invención… ¡cosa que es falsa!

Ahí los llevé, porque es un lugar obligado para todos aquellos turistas que visitan el cayo.  Oh, my God!  Anita, por ejemplo, cuando supo que el “sloppy Joe” era carne molida, puso el grito en el cielo: ¡llevaba semanas comiendo carne molida!  Era, según ella, lo único que la cocinara de su nuera sabe cocinar.  ¡Estaba harta de carne molida!  Para colmos, Mauricio se pasó el almuerzo sacando cuenta de cuánto le costaría esa porquería…!!!  ¿Y el José Enrique?  Mucho le hubiera gustado haberse traído un McDonald tradicional, con queso y todo.

 

 

Nada… “La Ñoña” y yo estábamos “gozando un puyero y parte del otro”.  Teníamos a los invitados alborotados, a pesar de que la música (de los años 60), estaba fina.  “La Ñoña” hizo todo un espectáculo bailando su pea, ante el público presente.  Hubo muchos aplausos.

 

Hemingway

Al terminar de almorzar, nos fuimos a la casa de Hemingway.  Entre las cosas interesantes que podemos ver en esa antigua mansión de madera, están sus gatos: ¡que tienen SEIS uñas!  ¿Qué tal?  Pero no llegamos a ver ni uno, porque las niñas decidieron que ya estaban cansadas y, luego de tomarse una foto frente a la entrada de la vivienda, decidieron regresar a Miami.

 

 

De todos modos fue un paseo interesante que deberíamos de repetir en una próxima oportunidad.

Abril 2018

Robert Alonso

Robert Alonso Presenta

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