Qué le pasa a Donald Trump?

Uds. no tienen idea de la cantidad de lectores, seguidores y amigos que me escriben preguntándome qué le pasa a Donald Trump.  A Donald Trump no le pasa ABSOLUTAMENTE NADA.  Donald Trump está en campaña electoral para ser reelegido y quedarse cuatro años más en la Casa Blanca, con todo lo que eso implica.  Él sabe que uno de los estados que tiene que ganar para repetir en la presidencia, es el estado de La Florida, donde hay – según dicen – más de 300mil venezolanos que votan.  Entonces, Donald Trump tiene un discurso “electorero”, nada diferente a los discursos “electoreros” de los candidatos (sobre todo republicanos) cuando bajaban a Miami a hacer proselitismo político entre la comunidad cubana anti-castrista, vistiendo guayaberas blancas de mangas largas y tomándose un buen “café cubano” (batido) en el Restaurante Versalles de la Calle Ocho del South West… también conocida como “La Sagüecera”.

Donald Trump tiene un discurso radical en contra del socialismo, sin embargo, muy pronto le habrá entregado, a los SOCIALISTAS DE LA “OPOSICIÓN” VENEZOLANA, un millardo de dólares: ¡mil millones de dólares estadounidenses!  ¿Se volvió loco Donald Trump?  ¡No!  Está invirtiendo con los dólares de los contribuyentes “americanos” y con su enardecido discurso anti-socialista, en su campaña electoral presidencial.  Eso es lo que “le pasa” a Donald Trump.

Durante los más de 30 años que “colaboré” con el gobierno estadounidense, nos ponían a traducir y a “analizar” todo artículo en el cual se mencionara un sin-número de palabras, entre ellas, los nombres de los presidentes de turno.   Si esa práctica todavía se observa… y por lo que me cuentan mi colegas, es así… este artículo será traducido y analizado por el Departamento de Estado, por la CIA, por Homeland Security y por los Boy Scouts de América.

Ya habrán visto y escuchado el video de apertura.  Ahora vamos a escuchar algunos videos de esos líderes SOCIALISTAS a los cuales Donald Trump está apoyando con discursos y dinero.

 

 

Primero Justicia

Para Julio Borges, el líder de ese garabato que mientan “Primero Justicia”, quien se fotografió recientemente con el Secretario de Estado Mike Pompeo, el socialismo no se ha logrado – todavía – en Venezuela.  Él, Borges, es socialista y aboga por el socialismo… que es IGUALDAD: ¡según él!

 

 

Increíblemente, ayer el Presidente Trump pidió aplausos para este socialista, Julio Borges… y para el otro: Carlos Vecchio, algo que la inmensa mayoría de los venezolanos no entiende.

 

 

Socialismo chavista?

No hace mucho, la Tintori (que Dios y la Virgen me la guarden por muchos años, la pobre), aseguró que existe un Sebín bueno… y un Sebin malo.  ¿Será que para la MariCori existe un socialismo bueno y un socialismo malo? La MariCori pudiera estar en esa misma línea de criterio de la Tintori; ¿será que para ella hay dos socialismos: ¡el bueno y “el socialismo chavista”!

 

 

Progresismo

Todavía hoy, la inmensa mayoría de los venezolanos no sabe el verdadero significado del vocablo “progresismo”.  Vale la pena que lo entienda:

En tal sentido, tenemos al “Flaco”, Henrique Capriles Ratonski.  Vale la pena acotar que “Ratonski” significa en polaco “rata roja”.  Ratonski, por cierto, no podría ser presidente – constitucional – de Venezuela, porque tiene dos nacionalidades: la venezolana y la polaca… además de ser un “marrano”, es decir, un judío que se hace pasar por cristiano, ya no para preservar su vida en una España medieval, sino para engañar a los incautos venezolanos haciéndoles creer que él es devoto de la Virgen del Valle.

En su campaña electoral, Ratonski vendió su progresismo a los cuatro vientos.  La inmensa mayoría de los venezolanos, de entonces, pensaba que se estaba refiriendo al “progreso”… no al comunismo.

El chingo o el sin-nariz?

Y en materia de socialismo y socialistas, tenemos al ex-alcalde del Municipio Chacao, en la Gran Caracas – Ramón Muchacho – quien colaboró con el SEBÍN para que apresaran y torturaran a los muchachos que “guarimbeaban”  a favor de Venezuela en la Plaza Altamira, quien está promoviendo la pre-candidatura de Joe Biden, el ex-vice presidente de Barack Hussei Obama, otro socialista.  Definitivamente, a los venezolanos, si no los agarra el chingo: ¡los agarra el sin-nariz!  Ahora le tocó el turno a un demócrata de prometerles libertad a los venezolanos.  Hay que recordar que no todos los demócratas son comunistas, pero todos los comunistas: ¡son demócratas!  Ese perro ha mordido ya a tantos cubanos en el exilio: ¡que ni nos duele!  A Biden como al resto de los políticos estadounidenses (sean republicanos o demócratas), les preocupa la suerte de Venezuela y de los venezolanos, tanto como a mí me preocupa la suerte de los habitantes del barrio Hitguaguancú de Katmandú.

 

 

Capitalismo Popular

Luego, como si ya no hubiese demasiada confusión en Venezuela, La MariCori salió un buen día con un concepto llamado “Capitalismo Popular”… suena a socialismo: ¡pero no lo es!

 

 

No es un invento de la MariCori, ni mucho menos socialista, pero suena populista y confunde.  Es un concepto del liberalismo en su máxima expresión, para mí aceptable, sin embargo, suena tremendamente populista.  La MariCori la agarró con el Capitalismo Popular por un ratico y luego “sedejódeso”. La incongruencia ideológica de la MariCori radica en que a ratos promueve el Capitalismo Popular y, más tarde, se hace fotografiar, muy cariñosamente, con uno de los comunistas más rancios y aberrantes de la Venezuela contemporánea, quien – afortunadamente – ya subió al “panteón de los dioses”: ¡Pompeyo Márquez!

Los venezolanos jóvenes tienen que saber… y los viejos no deben olvidar, que cuando el régimen de los Castro en Venezuela ya estaba con la lengua afuera, pidiendo agua por seña, Chávez llamó a la Coordinadora Democrática (como se llamaba la MUD entonces) y les pidió el apoyo para neutralizar el “golpe de estado de derecha“, que estaba en proceso a través de la primera Guarimba que había comenzado el 17 de febrero del año 2004.  Pompeyo atendió, obedientemente, el llamado de los Castro y el 7 de marzo a las 12:46 del mediodía, NEUTRALIZÓ La Guarimba Libertaria, alegando que ya se habían cumplido los objetivos de sentar al regimen en la mesa de negociaciones para discutir los términos del fulano referéndum revocatorio, que al final se dio el 15 de agosto de aquel año.  El objetivo de las tres guarimbas (2004, 2014 y 2017) siempre ha sido el de liberar a Venezuela del narco-castro-estalinismo internacional: ¡no lograr el referéndum ni negociar con los Castro!  Desde entonces a la fecha, son muchas las muertes que ha ocasionado el régimen: ¡y las que faltan!

 

 

Ultra izquierdismo

Ahí tenemos, por ejemplo, a Stalin González, el segundo vice-presidente de esa vaina que mientan Asamblea Nacional.  Para Stalin, Chávez era un militar de derecha: ¿qué tal?  Si se muere Trucupey y Edgar Zambrano pasase al retiro después de mil años en la “asamblea”, el líder de la “oposición” sería el chamo Stalin… ¡y a apretar “aquello”!

 

 

Y ahí tenemos a Miguel Pizarro, de madre venezolana y padre chileno radicado en Venezuela durante el gobierno del General Augusto Pinochet, quien salvó a Chile del castro-estalinismo internacional. Pizarro nació y creció en un hogar sumamente político; su madre fue secretaria de la fracción de los partidos de izquierda del Senado​; su padre militó en la izquierda de los 70, 80 y 90 y participó en las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el movimiento venezolano más radicalmente comunista de Venezuela; perteneció al frente guerrillero Bandera Roja y durante los años 70 fue detenido y apresado en el Cuartel San Carlos.  Su abuelo formó parte del Movimiento Socialista cercano a Salvador Allende y era uno de sus edecanes civiles. Podríamos decir que Miguel Pizarro es GENÉTICAMENTE COMUNISTA y éste fue el personaje que acaba de ser designado por Juan Guaidó como embajador de Venezuela ante la ONU.

 

 

Socialismo en Venezuela

Durante unos 40 años, todos los partidos venezolanos, con poquísimas excepciones, se hacían llamar “socialistas”; social-demócratas, social-cristianos o en vía hacia el socialismo, como el MAS (Movimiento al Socialismo).

Muchos dirigentes de aquellos partidos eran “socialistas” de la boca para afuera.  Afortunadamente yo no milité en ninguno de ellos.  De hecho: ¡jamás he militado en partido político alguno!  Pero en Venezuela, mayoritariamente, uno era adeco o era copeyano: ¡de un pájaro las dos alas!

Los venezolanos, en su mayoría, no entendían qué carajo era eso de “socialismo”.  NO se hablaba de la fulana “redistribución de los bienes” y eso de “socialismo” era meramente nominativo; jamás se le asoció con comunismo o castrismo.

A decir verdad, la gran mayoría de los venezolanos sentía una gran admiración por Fidel Castro y su “revolución”, pero yo se lo atribuyo a dos factores: al farandulismo, ya que Fidel era un individuo altamente carismático y al desprecio que los venezolanos, en su mayoría y como buena parte de los ciudadanos de la América hispana, sentían por “los americanos”.  Pero de ahí a que fueran comunistas o socialistas había un trecho bien grande.

Se dice, por ejemplo, que Rómulo Betancourt era comunista.  ¡Lo fue!  Lo fue cuando ser comunista era ser liberar, de mente avanzada: ¡revolucionario!  Sin embargo de haber sido comunista durante su quinquenio, Venezuela hubiera seguido los pasos de Cuba al principio de la década de los sesenta.  Si Rómulo era comunista, resultó ser un gran traidor al comunismo, como lo indica la historia contemporánea de Venezuela.

Carlos Andrés Pérez, quien fuera ministro del interior de Betancourt y se granjeó el remoquete de “El Policía”; le dio durísimo a las guerrillas castristas de los años 60, durante el período de Rómulo y luego, cuando le tocó ser presidente, se “castrinizó”, admirando – exacerbadamente – a Fidel Castro Ruz; firmando con el Monstruo del Caribe un acuerdo al que considero el génesis de la desgracia de Venezuela.  Rómulo ya era historia cuando eso.  No sabemos si hubiera saltado la talanquera, como hiciera CAP.  A los hombres hay que juzgarlos por sus acciones y por lo que dejaron de hacer: no por lo que pudieron, supuestamente, haber hecho.

 

 

En cuanto al socialismo generalizado de Venezuela, de los venezolanos y de sus líderes, podríamos concluir que, en un momento dado, se unió la sarna con las ganas de rascarse, como hubiera dicho – muy sabiamente – nuestra Abuela Carmelina, QEPD.

Aquellos socialistas-nominativos o verdaderos, viendo que los Castro se adueñaron de Venezuela sin la necesidad de haber hecho sonar un solo triki-traki, ni de tener que derramar una sola gotica de sangre, se unieron al castro-estalinismo internacional de manera frontal o tapiñadamente, asumiendo el papel de “opositores”.

Qué le pasa a Trump?

No le pasa absolutamente nada.  Esperen a que gane o pierda la reelección y verán cómo se olvida del problema de Venezuela y de los venezolanos; él sabe – perfectamente bien – quién es quién en Venezuela.

 

 

Si Trump quisiera ver libre a Cuba y a Venezuela, sentado cómodamente en su escritorio de la Oficina Oval de la Casa Blanca, sin contar con los dos partidos… ni con el congreso o el senado; sin derramar una gota de sangre de un soldado estadounidense, ni tener que gastar un solo centavo de los contribuyentes “americanos”, promulgaría una orden ejecutiva en la cual se les prohibiría aterrizar en suelo estadounidense, por el lapso de cinco años, a todas aquellas aeronaves que aterricen en aeropuertos cubanos o venezolanos y, en la misma tónica, prohibiría que buques que atraquen en puertos venezolanos o cubanos, atraquen en puertos “norteamericanos” por un período similar.  ¿Por qué no lo hace?  Tal vez porque su objetivo no sea otro que lograr votos sin meterse en honduras con los rusos, los chinos los iraníes y sabrá Dios con cuántas empresas estadounidenses y europeas con fuertes intereses económicos en la isla de los Castro, comenzando por la Halliburton: del clan Bush.

Miami 26 de septiembre de 2019

Robert Alonso

 

Robert Alonso Presenta

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